Caminando sola por evitar cualquier contacto físico y un olor a noche de verano me atraviesa los intestinos. Mi paso es de todo menos acelerado, por si se me olvidan las palabras. Intento transcribir lo que siento hasta que una intensa fragancia totalmente diferente evapora esta magia. Me cruzo con un intento de atropello. Me distraigo de nuevo. Ya no sé por dónde empecé a escribir. Pero, oye, siento. No como antes (nunca como antes). Aunque...menos da una piedra. Y menos recibes cuando más quieres aportar.
De repente se me agita la memoria y confundo siluetas. Melodías y acordes asociados a caras y sentimientos. Y se vuelve a esfumar ese olor. Qué me estáis queriendo decir.
De un modo u otro creo en el destino o algo así. Escribir esto de camino a un amago de hogar lleno de fantasmas personificados no puede ser casualidad. Caprichosa vida. Por no llamarla cualquier otra cosa.
Es precioso pararse a imaginar las historias de la gente...pero cómo duele.
No hay comentarios:
Publicar un comentario