Eres los fuegos artificiales en fiesta,
el pistoletazo de salida,
las luces de ciudad desde lo alto de una montaña,
todos los atardeceres en la playa
y cualquier amanecer a saber dónde,
sí con quién.
El cúmulo de risas de toda buena reunión,
los reencuentros en aeropuerto,
un llanto sofocado, suspiros de decepción.
Eres, fuiste y serás.
Inconveniente, por supuesto,
imprescindible, por derecho,
imbécil, por definición.
Como siempre,
nos hacemos más falta que compañía,
más daño que ilusión.
Lo peor de los finales
es que son inevitables.
