Lo bonito que es verte florecer incluso en invierno y ser un cúmulo de emociones el resto del año.
Que pares el mundo para observarlo y te parezca maravilloso; que tú seas como las puestas de sol.
Cuando nuestros vacíos sí se complementan y nos pudrimos en compañía los domingos atravesados.
Porque seguiremos siendo precipicios que se temen a sí mismos, con el plus de entendernos y sabernos descifrar (casi siempre).
Por todo lo que compartimos, por cagarla y rajarnos las veces que haga falta. Porque vales la pena.
-Gracias-