sábado, 11 de abril de 2015
Dudoso estado mental. Las líneas de mis indefiniciones, ciudades en ruinas tras una gran guerra, los restos de una especie extinta, gritos en una habitación insonorizada, la soledad de la isla desierta. Cuantas más imágenes se me ocurren tanto más se nublan las ideas en mi materia gris. La claridad de (tu) pensamiento se disipa a horas puntas, cuando el tráfico de información en mi cerebro me mantiene ocupada. Pero la autoconvicción de que progreso y puedo dejarte atrás es contraproducente. Pienso que ya no te pienso tan a menudo y para entonces ya has vuelto, nuevo fracaso. Los avances retroceden y llego en el punto exacto donde se confunden dudas y ganas, hacer falta y daño, querer y dejarse querer, un punto de ruptura para que el terreno que piso comience a desnivelarse. En ocasiones quizás me engaño y maquillo el pasado intentando parecer más de lo que fuimos. Amaneciendo al final con el corazón sin presupuesto, cansada de perseguir, con el aire escapando de los pulmones y el pulso entrecortado bombeando sangre, que no vida. Lamentable estado anímico.
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