jueves, 2 de abril de 2015

A veces tengo miedo de lo frágil que soy, de que cualquiera me conozca de una manera en la que no me reconozco ni yo misma. No es fácil descifrarme. No mentiré: es imposible. Mis batallas internas, mi continuo malestar anímico, mi no saber unir las piezas. El cambio me define y me mantiene. Me alucina el valor, el saber lo que se quiere, la pasión y la seguridad en uno mismo. Me conmueve la amistad verdadera, valoro la lealtad por encima de todo. Suelo tomarme demasiadas confianzas y siempre me acabo arrepintiendo. En ocasiones elijo esconderme antes de esforzarme. Intento luchar por causas perdidas jugándome la vida en misiones inútiles. Me cuestiono continuamente qué es lo que nos hace ser como somos, qué es el amor, cuánto dolor estamos dispuestos a soportar. Nunca sé qué ocurre en mi cabeza y prefiero no hacerlo. Soy capaz de llorar por un atardecer, o por cualquier cosa que me haga sentirme viva. Odio las faltas de respeto y las injusticias. Soy experta en perder el tiempo. Me gustan los retos y complicarme la vida. El 92% de las veces soy un desastre, el 8% restante simplemente no me acuerdo. Y, sobre todo, me voy tanto por las ramas que empecé escribiendo sobre descifrarme y he acabado haciendo que me conozcáis un poco más.
¿Seréis capaces vosotros algún día?

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