Escribimos para liberarnos, para aclararnos, despejarnos, por inspiración o simplemente por gusto. Y aunque no tengamos ni idea, escribimos. ¿Para qué? Irónicamente, para llenar cajones. Exacto. Un día descubrimos que lo único que teníamos eran enormes cajas llenas de...nada. Cajones vacíos. Y nos ahogamos en ellos. Nos quedamos sin aire y no conseguimos llenarlos. Todo esto, cada publicación de este blog, son intentos fallidos fruto de un despropósito. Intentos preciosos. Porque son nuestra esencia.
Y no creo que nunca consigamos llenarlos, descifrarnos, construírnos.
¿Cajones llenos? No, no son lo nuestro.
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