Ojalá no existiesen los días de lluvia sin ti, porque
más que agua, son recuerdos los que me mojan la ropa.
Me empapas. Me diluvias.
Eres lluvia torrencial en mis pulmones.
Eres el temporal más violento que nunca pude imaginar.
La explosividad en persona, acompañada de una pequeña ciclogénesis.
Eres una gran tormenta...
Y a pesar de eso, también eres la calma posterior.
Y las nubes, y el sol. Eres una suma de opuestos incomprensible.
Pero no quiero que deje de llover nunca
-aunque no estés-
porque sé que así no seré capaz de olvidarte.
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