Todo se desmoronó.
No de golpe, claro.
Sino poco a poco, como platos que caen uno tras otro de un estante .
El problema era no saber cuándo iba a derrumbarse al completo.
Es que había tan poca lógica entre lo que cada uno de nosotros decía, que tuve la sensación de que sólo éramos dos seres olvidados en cimas montañosas.
Inclinándose temerariamente hacia delante para arrojarse piedras... sin ver el peligroso abismo que las separaba.
Desde que se marchó he estado pensando.
Y siempre llego a la misma conclusión de que, aunque lo hubiera esperado... aunque hubiera sabido cómo orientaría mi vida... el golpe habría sido igualmente brutal.
Cuando sufres un choque tan violento, es inevitable que pierdas el equilibrio y caigas.
Y una vez que te has levantado, lo comprendes: no puedes confiar en que nadie te
vaya a salvar.
¿Qué hacer entonces para evitar inclinarte y caer de nuevo?
No hay comentarios:
Publicar un comentario