No es que seamos unos desalmados insensibles al dolor. Todos estamos atemorizados, todos tenemos que sobrellevar nuestras desgracias, pero desesperar es tanto como desear algo que ya está perdido o prolongar lo que ya es de por sí insoportable.
Cicatrizamos, así es como se cura una herida. Empieza a cerrarse sobre sí misma, a proteger lo que duele tanto y, una vez cerrada, ya no vemos qué hay debajo, eso que provocaba dolor. Pero no dejamos de sentirlo, de recordarlo, porque deja huella y eso, eso es imposible de olvidar.
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