viernes, 8 de mayo de 2015

No es que seamos unos desalmados insensibles al dolor. Todos estamos atemorizados, todos tenemos que sobrellevar nuestras desgracias, pero desesperar es tanto como desear algo que ya está perdido o prolongar lo que ya es de por sí insoportable.
Cicatrizamos, así es como se cura una herida. Empieza a cerrarse sobre sí misma, a proteger lo que duele tanto y, una vez cerrada, ya no vemos qué hay debajo, eso que provocaba dolor. Pero no dejamos de sentirlo, de recordarlo, porque deja huella y eso, eso es imposible de olvidar.

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