No me convienes y me da igual, pero yo no te convengo. Ahora ya no me reconocerías. Me implico lo justo y la desconfianza se convirtió en barrera a tu paso. Las dudas por delante, eso sigue igual. Pero no me molesto más en analizarlas o desmontar mis teorías absurdas. Creo en mis miedos desde que dejé de hacerlo en mi (si es que algún día hubo certezas). En una burbuja lo suficiente estable como para evitar todo contacto que se ha vuelto innecesario. Lo de organizar la vida de cualquiera menos la mía no cambia. Me he dado cuenta de qué conlleva morir cada día por volver atrás, deshacer, hacer y rehacer. Qué ganas de tejer el camino como antes no pude y jamás podré, solo para no acabar todo y nada así. Intentar convivir conmigo misma ahogada en recuerdos me consume. Me he convertido en la peor de las rutinas. Imposible empezar de 0 con tantas cuentas pendientes y conocer nuevas caras únicamente para verte en otras palabras, porque cualquier mañana vuelves a surgir. No me reconocerías perdida todas esas noches que me busco por calles demasiado oscuras y frías como para pensar con claridad.
Te sorprendería mi capacidad de autodestrucción.
No hay comentarios:
Publicar un comentario