Necesito constantes en mi vida. Que está bien guiarse por impulsos, escapar de la rutina, improvisar, auto-sorprenderse día a día. Y llego como antagonista de estos cuentos para reconocer la mayor pobreza de mi alma. Necesito constantes que me sostengan, que me recuerden que hay un equilibrio en este desastre o que sepan cómo fingir que lo hay. Necesito segundas voces que apoyen mis decisiones, o me paso años luz entre encrucijadas absurdas. Necesito aprobación ajena para dar un paso y comprensión cuando me da por derrumbar por completo mi alrededor. Y después necesito que me recompongan porque me olvido de yo antes de toda esta mierda. Necesito que me llenen de rutinas el vacío que cada noche cavo un poco más hondo en soledad. Necesito una mano que evite la caída cuando miro dentro de mí y me entra vértigo. Necesito.
Y necesito decir todo esto para no romperme en pedazos de todo lo que estoy necesitando y, para variar, no tengo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario