Siempre ha habido una parte de mi viviendo en verano. Tristemente, el corazón no ha sido. Pero si la cabeza. Mi mente en las nubes, pero nunca pasando frío.
Templado.
Como mis piernas bajo las sábanas.
Inocente de mi, creí que el verano no se iría. Y se me va escurriendo dentro. Poco a poco. Poco a poco. Hasta que...
Frío.
Ya no queda ni un poro de mi piel a una temperatura aceptable. Es como si un corazón congelado bombease ríos de hielo por mis venas. Pero estoy bien. Ya apenas lo siento.
Eso si, cada vez que me miras, este invierno se esfuma y, por un momento, disfruto de ese calor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario