viernes, 4 de julio de 2014
Un 5 de julio, una alegría
Ayer un abril mojado por mi, y hoy julio lleva tu nombre.
Aunque este ya no parezca ser el tuyo nunca más, con Lucía empieza el verano. Lucía un sol radiante aquel 5 de julio, y lo sigues haciendo brillar cada año al menos desde que te conozco. Desde que aquella niñita con coletas que estaba delante de mi en la fila de clase, pasando por la horrible fase adolescente, hasta la adulta pre-universitaria en la que hoy te conviertes. Oficialmente dieciocho añazos. Pero oficialmente con la cabeza en las nubes. Así es ella. Despistada, indecisa, caótica. Involucrada, protectora, apasionada. Y sobre todo eso último: no hay nada más bonito que oír hablar a una persona de algo que de verdad le gusta, y ella cuando lo hace es preciosa. Eres bonita toda tú. Con todo lo que haces, lo que dices, tus formas, tus modales, tus manías, tus guerras y tus batallas internas en las que puedes salir perdiendo.
Conocerte es quererte.
Y yo no puedo estar más orgullosa de haberte conocido.
De estar conociéndote cada día.
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