Fuego en el alma y lluvia en la piel,
como antes.
Inflamable como un bidón de gasolina
(por dentro);
pero fría y resbaladiza
(superficialmente).
En el momento exacto en el que comienzo a arder
el diluvio más agresivo se abre paso
quedando así reducida a humo
cenizas
nada...
como siempre ha sido.
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