sábado, 30 de agosto de 2014
Se derriban mis corazas y me siento más desprotegida que nunca. Oleadas me atacan y me llevan con la corriente al fondo de este océano de putos recuerdos. Estoy cansada de luchar contra su fuerza y aun así sigo alargando el último esfuerzo para mantenerme a flote. ¿Qué coño me está pasando? Antes sabía implicarme en lo que no podía hacerme daño o en lo que al menos era soportable. Me quedo a la deriva una noche más con ganas de dejar de gastar mi último aliento en esta causa perdida. Pero a veces no hay marcha atrás. Hasta que las olas me destrocen y me suelten en alguna orilla, rota en mil pedacitos y, como siempre, esperando a que alguien venga a salvarme sin ningún resultado.
Ha subido la marea.
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