Te extrañaba doliendo y te extrañaba iluminando. Me faltabas respirándome, evadiéndonos. Tú desgarrando ¿y yo? ... confundiendo.
Ahí me di cuenta de la verdad. Del doble significado que no había visto en mis propias palabras.
Te extrañaba. Te extrañaba porque no podía recordarte. No recordaba tus vicios. Ni mis dudas. Ni las ganas. Te extrañaba por no reconocerte más en mi. Te extrañaba de ya no sentirte. Te extrañaba nunca mejor dicho, como a un extraño. Como a un cualquiera. Como si nunca hubieses sido necesario, como si no estuvieras... Y me sentía libre. Perdida, sí, sin encontrarte. Sin lo que teníamos, fuera lo que fuese. Y yo también me era extraña. Extraña en mí misma. Pero al fin y al cabo libre. Porque no. Ya no me sale pensarte.
PARA EL QUE PARTE
No hay comentarios:
Publicar un comentario